Ayer hablé con una amiga que hace tiempo que no hablaba. Era mi mejor amiga de la facultad y compartimos piso en segundo de carrera. Un piso de película por lo pintoresco que era (por decirlo eufemísticamente). El piso en cuestión era mínimo, todo interior, el cuarto de estar daba a un patio, mi habitación, al patio y la de mi compañera, a otro patio. Ah, y la cocina tambien tenía un ventanuco (que no se le podía llamar ventana) que daba, al patio.
El cuarto de baño minúsculo. Si cometías la torpeza de sentarte en la taza de váter sin haber cerrado la puerta previamente, después no podías cerrarla porque te daba en las rodillas. Hasta entonces yo no sabía lo que era el "Salfumante" pero para desatascar la bañera tuvimos que comprarlo en muchas ocasiones. Lo mejor del baño y de la casa era que no teníamos agua caliente. Bueno, sí, dos minutos de agua caliente al día (que dá para más bien poco siendo dos mujeres...). Así que, cada mañana la una se despertaba con los gritos agudos de la otra pobre sufridora en la ducha...
Por lo menos teníamos luz. Aunque la caja de fusibles estaba medio chamuscada así que teníamos cortes de luz cada dos por tres. Mi padre, que lleva al extremo aquello de "del dicho al hecho hay un buen trecho", nos dijo que nos la arreglaría, pero claro...Por lo menos fuimos afortunadas, por lo menos, no morimos quemadas durmiendo. Aunque sí que pasamos más de un día leyendo con velas: sin agua, sin luz, pero felices. ¡Incluso llegamos a celebrar una fiesta de cumpleaños! Lo llenamos todo de velas (derretimos un reloj de pared de plástico por apoyar en él un par de velitas pequeñas), trasladamos los pocos muebles que teníamos a mi habitación y dejamos las dos mesas de estudio convertidas en buffet y ya teníamos fiesta.
La decoración toda de IKEA, unos "sofas" de espuma en el suelo, dos mesas de estudio y unas baldas colocadas por nosotras mismas ("no quedan tacos de ese tamaño para las baldas, -bah, con que sujetes las escuadras sólo por debajo, vale"). Como estudiantes de traducción teníamos veintemil diccionarios de un palmo cada una conque el primer día que mi compañera fue a coger uno, se le cayeron las dos baldas y los veintemil diccionarios en cascada sobre la cabeza. No pude parar de reír, pobre.
Teníamos televisión y todo. Era naranja. Imagen en blanco y negro y con muuucha lluvia. Había que sintonizar los canales con una ruedita y mover la antena hacia todas partes. Al final colocamos una chincheta en la pared que marcaba el lugar donde teníamos que sujetar la antena para ver los canales.
Comíamos fatal, vivíamos en unas condiciones pésimas pero nos lo pasábamos genial. Nos reíamos de todo y a pesar de todo. Tendría que volver a practicar más aquello de "Al mal tiempo, buena cara", que con el tiempo se olvida un poco. Un beso, Ali.
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5 comentarios:
pero verdad que lo echas de menos?
-Nooooo. Lo que echo de menos es la mentalidad que teníamos.
bueno, eso quería decir :-P
jajajaja, yo estuve en ese pisito y sí, era infrahumano.
ese baño en el que sentada en la taza del water podías ir saludando a las visitas.
pero se os veía, y sentía, felicísimas.
había dejado un super comentario y se me ha borrado!!!!
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